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El Comandante de la Primera División de Ejército, con asiento en Curuzú Cuatiá, fue participe de la celebración llevada a cabo este sábado en la provincia de Catamarca; así informaron desde la Secretaria General del Comando a la redacción de Rompecabezas.

 

El Comandante de la Primera División de Ejército con asiento en Curuzú Cuatiá, General de Brigada Diego Martin López Blanco, asistió este sábado a la Ceremonia de Beatificación del Fray Mamerto Esquiú que tuvo lugar Frente a la iglesia, en la plaza principal de Piedras Blancas, en la Provincia de Catamarca.

López Blanco acompaño al Secretario de Culto de la Nación, Guillermo Olivieri y al Gobernador de Calamarca Raúl Jalil. Asistieron 1.200 invitados, autoridades de distintas provincias y representantes eclesiásticos.

El franciscano Fray MAMERTO ESQUIÚ fue consagrado este sábado beato en la explanada de la iglesia de Piedra Blanca, a pocos metros de la casa de adobe donde nació en 1826, en una ceremonia con estrictos protocolos que obligó a unos dos mil fieles a seguir la transmisión a través de pantallas en un predio cercano.

Al comenzar la misa el obispo de Catamarca, Monseñor LUIS URBANC, se dirigió al legado papal, Cardenal LUIS HÉCTOR VILLALBA, arzobispo emérito de Tucumán, para solicitar a Francisco que inscriba en el número de los beatos al Venerable Siervo de Dios Mamerto de la Ascensión ESQUIÚ Y MEDINA, quien nació el 11 de mayo de 1826 y falleció el 10 de enero de 1883 en La Posta de El Suncho.

Posteriormente, el vice postulador de la causa Fray MARCELO MÉNDEZ hizo un repaso por la vida y obra de Fray MAMERTO ESQUIÚ Y MEDINA, quien fue fraile, sacerdote, obispo, docente, periodista y reconocido legislador, destacado por su encendida defensa de la Constitución Argentina de 1853.

Uno de los momentos culmines de la misa se vivió minutos después de las 10.30, cuando se leyó la carta apostólica en la que el Papa inscribe en el libro de los beatos al sacerdote franciscano.

Minutos antes de concluir la misa, URBANC le entregó un rosario bendecido y enviado especialmente por el Pontífice a Ema, la niña que recibió el milagro, cuya familia retribuyó el gesto otorgando reliquias del flamante beato al representante papal.

Después autoridades eclesiásticas develaron la imagen oficial del nuevo beato que a partir de ahora podrá ser venerada, y el rito concluyó cuando los más de 1.200 presentes en la explanada del templo comulgaron recibiendo la eucaristía.

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